problemas sexuales sexualidad masculina
 

problemas sexuales

Entre los problemas sexuales más frecuentes en la pareja tenemos:
* Incapacidad de realización. El sexo no llega a cumplir con su función
de satisfacer a la pareja y se crea un círculo vicioso, acrecentándose
el miedo y la aparición de bloqueos psicológicos que tornan más
difícil aún la satisfacción sexual.

Impotencia



* Disminución de la autoestima: No conseguir la satisfacción sexual produce tanto en el hombre como en la mujer la idea de que no son completos, lo que reduce su autoestima y perjudica aún más su realización sexual.

* Búsqueda de sustitutos: Cuando el sexo en la pareja no es suficiente, tanto el hombre como la mujer tienden a buscar actividades sustitutas. Las más comunes son la masturbación la creación de fantasías y el sexo extraconyugal.

* El deterioro de las relaciones matrimoniales en general.
La pareja debe comunicarse en todos los aspectos, y esto incluye la relación sexual y sus pormenores.

Algunas recomendaciones prácticas que deben tenerse en cuenta son:
La frecuencia: Es muy importante no mantener relaciones sexuales por obligación, pero considerar que hay que aceptar que la pareja tiene derecho al acto sexual. El sexo falla cuando fallamos nosotros en comunicarnos, en callar, o en no ser sinceros. El problema no es la frecuencia con que se mantienen relaciones sexuales.
Se pueden mantener muchas veces o pocas. Lo importante es ver si el sexo está integrado a un patrón de amor y dedicación personal. Si ambos están dedicados a promover la vida personal del otro y a su crecimiento unidos como personas, la cuestión de la frecuencia será contestada en base a las necesidades, deseos y la conciencia de cada persona.

Variaciones sexuales: El modo más seguro de arruinar las relaciones sexuales es volverlas una rutina. El vivir en pareja es la oportunidad de hacer el sexo una fuerza creativa indisolublemente unida a la relación. La variedad es la sal de la vida sexual.
La relación sexual es una experiencia que una pareja puede gozar repetidamente y cada vez puede ser nueva, plena y completa. Una vez puede asumir un tono muy serio, con un compartir profundo e interpersonal. Otra vez puede ser simplemente diversión y placentera en la vida, Dios quiere que sea una experiencia agradable, para la pareja.
- En la pareja el comportamiento sexual varía tanto como las personalidades mismas de los cónyuges y por lo tanto no debe ofender a uno ni al otro. El amor y el respecto mutuo son las bases para el goce de la relación sexual.
* Pensar en la pareja: Si un hombre o una mujer va a mejorar su vida sexual debe alejar su atención de sí mismo y comenzar a concentrarse en su pareja y sus necesidades. A medida que el énfasis cambia de actuación e interés, la relación mejorará de calidad. El énfasis siempre debe estar sobre la relación, no sobre el contacto sexual.

* Conocer los tiempo. Es un elemento común que muchas parejas no entienden los diferentes niveles de excitación, entre el hombre y la mujer. La mayoría de los hombres alcanzan el punto de satisfacción rápidamente. Luego están listos para darse vuelta y dormir. Cuando no entiende esta diferencia la compañera siente que está siendo usada y el compañero por su parte piensa que ella es frígida y falta de respuesta.
Si el hombre comprende este diferencia puede dar tiempo a su compañera, de modo que juntos puedan lograr un clímax de satisfacción al mismo tiempo.
Si una pareja usa más tiempo en el juego sexual previo, antes del acto sexual, habrá más probabilidades de que lleguen el clímax a un mismo tiempo. También es necesario que el hombre advierta que la mujer desciende lentamente de su excitación sexual.

* Conocer los cuerpos: La pareja necesita conversar específicamente cuáles son las cosas que les producen más placer, y de esta manera su relación puede mejorarse mucho.

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SEXUALIDAD MASCULINA Y GÉNERO: LOS PROBLEMAS SEXUALES DE LOS HOMBRES


La sexualidad masculina se encuentra atravesada de forma importante por una serie de mitos tremendamente destructivos que bloquean, una y otra vez, la posibilidad de disfrute y bienestar sexual para muchos hombres, fundamentalmente en el contexto de una relación de pareja.

Muchos de estos mitos se relacionan de una forma clara y directa con la incomprensión de los mecanismos básicos de la anatomía y de la fisiología  de la respuesta sexual y genital de los varones. La capacidad de gozar de muchos hombres se ve bloqueada en relación directa a la existencia de creencias erróneas de este tipo, algunas de las cuales se encuentran muy extendidas en la cultura popular como, por ejemplo, la creencia de que la sexualidad masculina tiene que pasar necesariamente por una erección o que un hombre tiene que terminar una relación sexual placentera siempre con una eyaculación. En caso contrario se supone que no puede disfrutar de su sexualidad. Con estos y otros mitos sexuales queda enredada y enrarecida la vivencia sexual masculina. Como si la sexualidad de los hombres obedeciera a un mecanismo automático donde sólo hiciera falta "apretar un botón", es decir, mostrar   un  estímulo  sexual,   y  sucediera  necesariamente  una  respuesta  ya preestablecida.

"Es como si cuando una mujer te enseña una teta ¡Plon! Tuviera que tener una erección automática. Y si no reacciono de esa manera me pregunta: "¿Qué te sucede?¿No serás de la otra acera?". Estoy harto de todo esto, la verdad." (Pedro, 38 años, funcionario).

Desde el mito del "tamaño del pene" hasta el de la "erección instantánea" a la manera del café soluble que se vende en sobrecitos, hoy por hoy, son muchos los hombres que sufren una presión cultural que les empuja a responder sexualmente a la manera que se supone que deberían de hacerlo. Aún contraviniendo las reglas básicas de la propia fisiología masculina. Y lo que es más  grave,    en  muchísimas   ocasiones  somos   los  propios  hombres, solos, los que nos empujamos a nosotros mismos a cumplir con unas expectativas preestablecidas y que incluso, en muchos casos, las propias parejas no comparten.

            David    es   un   joven   varón  de  26  años.  Acude  a la  consulta    

debido,  según  sus  propias  palabras,  a  que  tiene  "impotencia".  

En   estos    momentos    no   mantiene   una   relación   de   pareja   estable  ni  nunca  la  ha  tenido.   Los  fines  de  semana le gusta ir   a  lugares  de  copas  y  a  discotecas   donde   "liga"    de   vez   en   cuando.   Estos  ligues  suelen  terminar  en   relaciones   sexuales ,   con  o  sin  coito,   en   su  coche,   pues  no  dispone  de  un   lugar   de  mayor  intimidad  donde   poder   disfrutar   de   un   encuentro   sexual.     Desde    hace    cuatro   meses   viene   observando   que   pierde  la  erección  durante  las  caricias  en  el  coche y no puede   recuperarla.    Actualmente   rechaza   situaciones   de   ligue   por   este  miedo  que  tiene   a    "no funcionar"    y   sentirse   frustrado   por  ello.   Prefiere  evitarlo  que  probar  otra  vez.   Ahora  utiliza   una  táctica  para  decidir  si  inicia  o  no  inicia una conversación   con    una    mujer   desconocida   y   atractiva   para   él     (en   la   discoteca) :    " Si    veo    una   mujer   que   me   atrae,    entonces   compruebo   si   se   produce   una  erección   instantánea. Eso es    señal  de  que  luego  puede  ir  bien.    Si  no  tengo  una   erección   cuando  la  veo,    pues   sencillamente   paso   de   todo   y   espero   otra ocasión mejor".


David es una víctima de la falta de información sexual básica en torno al funcionamiento de la anatomía y fisiología genital y sexual de los hombres. Este vacío de información sexual lo ha ido cubriendo a lo largo de su adolescencia y juventud con confidencias de otros amigos acerca de "como funcionamos los hombres en el sexo" y de lecturas pseudocientíficas cuando no claramente de tipo pornográfico.  Por tanto, se encuentra tremendamente confundido y asustado. No puede entender por qué le está sucediendo lo que le está sucediendo y cómo enfrentarlo de la mejor manera posible.  Un repaso detenido del relato de las dificultades sexuales que nos ha comunicado va a arrojar mucha luz en torno de las claves equivocadas que le han llevado a David a esta situación y van a ofrecer pistas claras acerca de cómo puede solucionarlas:

* En primer lugar, David entiende que una relación sexual debe pasar necesariamente por una erección del pene del  hombre. Si el hombre no tiene una erección no puede gozar de un encuentro erótico: "¿Cómo puedo disfrutar si no se da una erección?". Esta creencia va a funcionar como una presión y un miedo añadido si comprueba que no se produce la erección deseada y esperada en el marco de esa relación sexual que está manteniendo. O bien si, una vez iniciada la relación sexual de pareja, la erección tiende a desaparecer. En vez de entenderlo como un mecanismo natural, aparece el miedo y la ansiedad, bloqueando la re-aparición de una nueva erección. Para muchos hombres, descubrir que el placer sexual no termina aunque disminuya o desaparezca la erección ha significado asomarse a todo un mundo de posibilidades eróticas hasta entonces insospechadas, así como un enriquecimiento de sus  respectivas sexualidades. Por añadidura, ha significado el reconocer las claves para facilitar las condiciones y la manera en la que poder recuperar la erección: dejando que el cuerpo y la naturaleza  hagan su trabajo, sin interferencias a la capacidad de gozar corporalmente, causa final de la aparición de una erección, síntoma genital de esta excitación corporal global donde la genitalidad se encuentra incluida.

Para muchos hombres, descubrir que el placer sexual no termina aunque disminuya o desaparezca la erección ha significado asomarse a todo un mundo de posibilidades eróticas hasta entonces insospechadas.

* Por otro lado, David comparte la creencia según la cual una erección se produce de forma instantánea. De hecho, toma esto como una referencia por la que guiarse y que marca la diferencia entre atreverse o no atreverse a iniciar un diálogo con una mujer que considera atractiva. Cabe suponer, dada la problemática sexual que nos ha planteado, que estas erecciones instantáneas (que por lo visto podían producirse en su experiencia del pasado), cada vez se vayan dando con menor o con ninguna frecuencia a causa de la ansiedad que pesa, cada vez más fuertemente, sobre la expectativa de una relación sexual frustrante para David.

Asimismo, hasta que revise el concepto mítico de las erecciones instantáneas estará prisionero de un círculo vicioso por el que le resultará muy difícil disfrutar de unas relaciones sexuales placenteras. Lo realmente preocupante de lo que nos está planteando David aquí con su caso,  al igual que para otros muchos hombres que atraviesan por situaciones similares, no es la existencia de una problemática generada por una sola creencia errónea sino que, por el contrario, las dificultades para disfrutar sexualmente se encuentran directamente relacionadas con la coexistencia de un paquete de creencias míticas que se refuerzan entre sí y que exigen una revisión global de la manera en que se está conceptualizando toda la sexualidad y la manera que se tiene de vivenciarla.

Revisando este concepto mítico de sexualidad así como las expectativas con respecto a un encuentro erótico, nos encontramos con las siguientes creencias erróneas que se entrelazan y refuerzan mutuamente:

1. En una relación sexual debe darse siempre una erección.

2. Esta erección debe ser instantánea desde un principio.

3. Esta erección debe mantenerse permanentemente durante toda la    relación sexual.

4. Esta erección debe terminar siempre en una eyaculación, señal de    que el hombre ha gozado.

5. Todo  esto  debe  producirse independientemente de donde tenga    lugar  el  encuentro  sexual  y  de  los  factores  externos  que    puedan interferir o resultar molestos.

Este último aspecto derivado de las circunstancias que David nos comunicó en el proceso terapeútico: las relaciones sexuales tenían lugar en un coche, con la consiguiente incomodidad o preocupación de ser molestados o interrumpidos por encontrarse en lugares públicos. Por otro lado, estos cinco "debes" pesan tanto que pueden destruir cualquier posibilidad de disfrute sexual.

No deja de sorprenderme la frecuencia con que muchos hombres que acuden a consulta parecen no valorar en absoluto las condiciones externas donde tiene lugar ese encuentro sexual. Factores como la comodidad, la tranquilidad y la intimidad no son valorados y, a menudo,  determinan que una relación sexual llegue a ser una experiencia placentera y gratificante o, por el contrario, se convierta en una situación molesta y frustrante.

Como si detrás de la conceptualización de la sexualidad, muchos hombres compartieran un nuevo mito sexual por el que hay que funcionar sexualmente independientemente de los factores inhibidores externos.

Este planteamiento erróneo tiene mucho que ver con otro mensaje cultural que los hombres padecemos con respecto a nuestras sexualidades y que se puede resumir perfectamente en la frase que sigue: "Los hombres tenemos que estar siempre sexualmente dispuestos, apetecernos siempre y funcionar en cualquier circunstancia, por muy negativa que ésta pueda resultar".

No es de extrañar que las consecuencias de este abultado paquete de creencias míticas tengan un efecto devastador en las sexualidades de tantos hombres.

El mito de la erección permanente, por ejemplo,  ha hecho mucho daño a demasiados hombres. Con frecuencia está presente la idea según la cual un hombre debe mantener la erección todo el tiempo que dure el encuentro sexual. Podemos calificar a esto como algo perfectamente antinatural, máxime si el encuentro sexual se dilata en el tiempo. Si un hombre tiene claro que el objetivo de una relación sexual es pasárselo bien y disfrutar con otra persona de los sentidos y del placer corporal compartido, probablemente pueda tener una, dos, tres ó más erecciones a lo largo del juego erótico. Probablemente la erección se convierta entonces en un componente más de ese juego erótico y no en una obligación ó en un trabajo. Y pueda aparecer y desaparecer, siguiendo las sinuosidades de su propia curva de excitación corporal y genital, sin significar con ello una amenaza al placer o a la autoestima masculina. Se trata de disfrutar, no de cumplir en la cama.

Factores como la comodidad, la tranquilidad y la intimidad no son valorados y, a menudo,  determinan que una relación sexual llegue a ser una experiencia placentera y gratificante o se convierta en una situación molesta y frustrante.

El mito que identifica necesidad de eyacular con necesidad de penetrar, por ejemplo, ha sido otra de las confusiones sexuales más frecuentes y destructivas para las sexualidades de muchos hombres. Entre otras cosas porque una penetración o un coito es cosa de dos personas y una eyaculación o un orgasmo, en último término, es una cuestión individual. Si dos personas no lo desean, no debería intentarse pasar en una relación sexual a la penetración (o a cualquier otra práctica sexual no deseada mutuamente), fundamentalmente   porque  en  el   encuentro   erótico   consiste   en   disfrutar juntos  haciendo  lo  que resulta excitante y placentero para ambos. Por el contrario, si un hombre (o una mujer) desea tener un orgasmo ó llegar al momento de la eyaculación, esto tan sólo va a depender, en última instancia, de uno mismo. Si en el contexto de la relación de pareja puede darse dentro del juego erótico, perfecto. Pero si no puede darse por el motivo que fuere, el propio hombre (o la propia mujer) tienen la posibilidad, siempre, de procurárselo en solitario o en otro momento.

Una penetración o un coito es cosa de dos personas y una eyaculación, en último término, es una cuestión individual.

A los hombres se nos ha confundido culturalmente mezclando estas dos cuestiones: necesidad de penetrar con necesidad de eyacular. Se las ha identificado en base de una confusión supuestamente fisiológica. Se ha confundido una necesidad o un deseo sexual fisiológico de alcanzar el momento orgásmico o de llegar a una eyaculación, con el deseo sexual erótico de realizar una determinada y única práctica sexual para alcanzarlo ( a través del coito o penetración vaginal). Se ha confundido el fin con la vía para alcanzar ese fin llegando,  en muchas ocasiones,  a un callejón sin salida y a situaciones frecuentes de frustración. En el peor de los casos, de imposición de las formas sexuales no compartidas a la pareja, que no las deseaba en ese momento o de esa forma. Si un hombre (o una mujer) mantiene la creencia errónea de que cuando desea una relación sexual con la pareja, su deseo significa que tiene que llegar a la penetración o de lo contrario se frustrará sexualmente, está entrando en campos de ansiedad, en callejones sin salida. Porque su placer erótico y sexual va a depender de un estrecho margen erótico de maniobra. Va a depender de si la otra persona desea hacer exactamente lo mismo, en el el mismo momento y aproximadamente de la misma manera que uno mismo (o una misma) lo desea: penetrando.

Si, por el contrario,  diferenciamos ambos aspectos y reconocemos, por un lado, que cualquier persona tiene el derecho a disfrutar de su orgasmo o vivencia orgásmica cuando lo desee y, por el otro,  que si se desea alcanzar dicha experiencia a través de una práctica sexual compartida (sea la penetración, sea una relación buco-genital mutua, sea por masturbación de la pareja, etc.) bienvenido sea. Y que si no se puede alcanzar por ninguna práctica sexual compartida, la persona  deseante  puede  procurárselo  ella  misma... pues desaparece el problema. Dejamos de adoptar actitudes de presión, egoístas, de manipulación del otro, para enfocar actitudes verdaderamente respetuosas con la sexualidad propia y con el mundo erótico de la pareja. Y lo que es más importante, mejoramos en muchos puntos la calidad de nuestra vida sexual, abriendo campos de comprensión y de placer que antes estaban constreñidos a la obligatoriedad de unas formas en extremo limitadas y que confundían la necesidad con la manera de satisfacerla.

Otro mito cultural  del que quedan impregnados estos anteriores es la creencia por la cual, para gozar y en el marco de toda relación sexual con otra persona, el hombre tiene que ser necesaria e imprescindiblemente activo, siempre y en todo momento.  Llevar las riendas, controlar, hacer y deshacer, trabajar bien en la cama, cumplir...Hay muchas maneras en que este mensaje envenenado se ha introducido en las sexualidades de los hombres. Ser sexualmente activo puede ser algo valioso, importante y necesario para cualquier persona que desee disfrutar de su sexualidad. Pero serlo siempre y en todo momento supone un servilismo sexual y la incapacidad de poder disfrutar de, al menos, un 50% de las posibilidades derivadas de la actitud erótica complementaria a ésta: ser sexualmente pasivo, dejarse llevar, poder relajarse y disfrutar de las caricias de la otra persona por el puro placer de sentir a la pareja y lo que la pareja te hace desde esta nueva actitud.

En el fondo de toda esta cuestión subyace un mito-matriz que alimenta a todos los demás y los articula en una especie de trampa que atenaza, hoy por hoy, las sexualidades masculinas. Este mito-matriz que se plasma en la creencia de que el placer sexual propio va a depender de la otra persona, nunca de uno mismo o una misma. Más que como personas autónomas, críticas y responsables de nuestras propias vidas  se nos ha educado culturalmente en la dependencia de los demás. Se nos ha educado en esta actitud que sobrepasa la dimensión sexual y que se convierte en una referencia profunda a la hora de establecer relaciones entre las personas a cualquier nivel.  No es extraño que esta actitud deformada ante la vida se transmita al área sexual y se traduzca, de nuevo, en dificultades a la hora de establecer un marco respetuoso donde poder disfrutar de la comunicación erótica y placentera en pareja.

La creencia de que el placer sexual propio va a depender de la otra persona, nunca de uno mismo o una misma.

No se nos ha educado en la responsabilidad sexual, fundamentalmente porque no se nos ha educado en la responsabilidad ante la vida.  La sexualidad, al igual que otras dimensiones humanas, queda impregnada de esta actitud errónea que podemos resumir en la frase que sigue:

"Si mi placer sexual depende de tí y yo no disfruto, entonces tú eres el culpable de ello. No eres capaz de hacerme gozar".

Esto viene a que nos han educado (hasta la década de los años setenta) en que el placer sexual de la mujer dependía fundamentalmente de las habilidades amorosas del hombre. Más recientemente y de la mano de un mal entendido sentido igualitario sexual, se ha generalizado a ambos sexos una versión de esta vieja y equivocada actitud que deja en manos de la pareja la posibilidad de disfrutar la propia sexualidad. Ahora, hombres y mujeres debemos ser expertos acariciadores para saber dar placer y satisfacer al compañero o compañera sexual y de las formas adecuadas. Nada más lejos de la realidad, puesto que se trata de algo, literalmente, imposible.



Imposible tanto en cuanto el placer y el disfrute sexual nunca van a depender de la pareja sino de una actitud positiva individual y de una apertura personal al placer. Por muy experto o experta que la otra persona pudiera ser en cuestiones sexuales , nunca podrá ser capaz de dar placer si la otra persona no está abierta a tal posibilidad.

Por el contrario, si una persona se encuentra dispuesta a explorar el mundo de su sexualidad, aún sin experiencia alguna, podrá disfrutar sexualmente junto con su pareja, siempre y cuando la guía de sus relaciones sean ellos mismos y la sensibilidad compartida sea la referencia de su experiencia. Aprender a gozar no es algo que se pueda estudiar en los libros,  puesto que cada persona es sexuada y su mundo erótico-sexual es algo personal e intransferible. En última instancia, puede llegar a considerarse experta en sí misma, pero siempre será una novata en cuanto al mundo erótico de su pareja se refiere.  Esta puede ser una actitud sustitutiva que recomendar, más positiva,  y una clave importante por la que guiarse si se desea disfrutar de verdad de unas relaciones sexuales respetuosas, satisfactorias y creativas.

Es importante una revisión de las actitudes sexuales heredadas culturalmente puesto que nadie escapa a este planteamiento mítico de fondo. La clave mítica que pasa por evitar que cada persona sexuada y sexual asuma la responsabilidad propia e intransferible, repito, de su propio placer sexual. En definitiva, se trata de facilitar el crecimiento sexual y erótico de las personas. Llegar a ser personas sexuadas y sexuales autónomas, críticas y dueñas de nuestra propia capacidad de gozar y de sentirnos bien en nuestro cuerpo y en nuestra vida.

No se nos ha educado en la responsabilidad sexual, fundamentalmente porque no se nos ha educado en la responsabilidad ante la vida.

 

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El tratamiento de disfunciones sexuales -
Terapia sexual

En nuestra visión general de problemas de salud sexual listado las siguientes disfunciones sexuales

  1. La aversión sexual
  2. Inhibición del deseo sexual
  3. El dolor durante la actividad sexual
  4. Vaginismus
  5. Los problemas de la tumescencia ( ausencia o débil erección, ausencia o débil lubricación)
  6. Los problemas del orgasmo (inhabilidad de escoger el momento oportuno del orgasmo, ningún orgasmo)

 

Todo lo que debe saber sobre eyaculación precoz


La más común y conocida de las dificultades eyaculatorias es la eyaculación precoz....

La denominación "precoz" se debe a que los varones que la padecen suelen eyacular rápidamente. Algunos cuando intentan penetrar a su pareja, otros luego de los primeros movimientos dentro de la vagina.

La eyaculación precoz es considerada una dificultad desde hace pocas décadas, cuando se comenzó a dar importancia al placer femenino. Anteriormente era bien visto por las mujeres que sentían la sexualidad como una obligación conyugal, que su marido eyaculara rápido para terminar pronto con una situación desagradable. Cuando las mujeres desean compartir el placer con su pareja, el hecho de que el varón no pueda sostener la relación coital se convierte en un conflicto.

     Esta dificultad en principio parece perturbar solamente el placer femenino, sin embargo, el varón se pierde la posibilidad de sentir altos niveles de excitación, por lo cual su vivencia de placer está  limitada.

     Suele suceder que los varones comiencen a vivir su eyaculación precoz como un problema luego de los cuarenta años. Durante la juventud, el varón puede, fisiológicamente, volver a tener una erección en pocos minutos; ésta facilidad le permite reparar su primera eyaculación rápida con un segundo intento. Pero, con el paso de los años, la capacidad de tener una erección inmediata se va prolongando y allí el varón se encuentra con el conflicto de querer y no poder.


La dificultad de la eyaculación precoz reside específicamente en la incapacidad del varón para controlar voluntariamente el reflejo de su eyaculación y en no tener plena conciencia de las sensaciones previas al orgasmo. Los varones pueden aprender, y de hecho muchos lo hacen, a controlar su eyaculación. Generalmente este aprendizaje lo realizan durante la adolescencia para sostener el placer.
A los varones con eyaculación precoz se les escapa el semen. Un paralelo gráfico sería que "se hace pis encima". Los seres humanos aprendemos a partir del año y medio de edad a controlar nuestros esfínteres; podemos tener ganas de "hacer pis o caca" y podemos esperar, no nos hacemos encima.
Con respecto al eyaculador precoz le pasaría que se hace encima, ya que no puede esperar, no puede controlar y decidir cuando eyacula porque no aprendió a hacerlo.

 

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Cuáles son los más comunes y cómo se enfrentan

problemas sexuales

Falta de deseo, impotencia, insatisfacción sexual, son algunos de los trastornos sexuales que más se repiten entre los hombres y mujeres que llegan a una consulta sexológica. Opinan especialistas.

Aunque cueste reconocerlo, todas las personas (hombres y mujeres) han pasado alguna vez por un problema de

 
funcionamiento sexual, ya sea por falta de deseo, por imposibilidad de llegar al orgasmo o porque estaban a punto de… y de pronto todo se interrumpió. Es que ni la cabeza ni el cuerpo funcionan apretando un botón como si fuera una batidora de tres velocidades y, en el laberinto del placer, hay muchos vericuetos y algunos cortocircuitos que a veces impiden llegar al placer.

A veces son las emociones las que perturban la totalidad de la respuesta sexual, o bien pueden interferir sólo en una o dos de sus tres fases: el deseo, la excitación y el orgasmo. La doctora Helen Kaplan comenta, por ejemplo, que “hay personas que experimentan deseo pero que no pueden tener erecciones ni orgasmos, hombres y mujeres que sienten poco deseo pero que pueden tener erecciones y orgasmos, varones que sienten intensos deseos pero tienen eyaculación precoz".

En otros casos, el problema se vincula con algún tipo de medicación que se está tomando (narcóticos, antidepresivos, sedantes) o, después de una operación. En esta nota, reunimos las disfunciones sexuales más comunes por las cuales llegan a la consulta los hombres y las mujeres.

Por qué consultan los varones

Impotencia: Este es el problema número uno que altera la vida de cualquier varón. Cuando un hombre es incapaz de lograr una erección en un momento determinado, este hecho puede desencadenar una angustia permanente que le puede impedir la erección en los siguientes encuentros amorosos.
 
"Basta con que una vez el hombre tenga una erección deficiente para que sienta que ha fracasado como varón. Esto es parte de la cultura machista”, explica el doctor Adrián Sapetti, “que hace que se dramatice al máximo un contratiempo masculino. Y el temor al fracaso actúa como una espada de Damocles. En mi experiencia clínica se ve que los hombres inseguros o altamente competitivos son los que toleran menos un fracaso sexual transitorio, transformándolo en algo más grave".

Algunos hombres no consiguen una erección cuando están tensos, independientemente de lo deseable que sea su compañera.
A menudo, la mujer no se atreve a decirle a su compañero que necesita más tiempo para excitarse, o que desea que él la estimule con caricias en determinadas zonas de su cuerpo. Y a veces el hombre no pregunta nada por orgullo o por timidez. La única manera de sincronizar las diferencias y mantener una relación sexual feliz y satisfactoria, es comunicar los propios deseos y temores a la pareja.
0 bien, pueden llegar a la erección durante el juego preliminar pero la pierden cuando ella se desnuda o incluso cuando se disponen a penetrarla. Se considera que existe una verdadera disfunción erectiva cuando las fallas superan un 25% del total de los intentos. En estos casos, lo mejor es buscar ayuda acudiendo a un especialista, enfretando los miedos de una manera racional y sensata.

Eyaculación precoz: Es un problema frecuente y un miedo muy extendido entre los hombres. La mayoría de sus causas son psicológicas, es decir, el cerebro recibe la señal de que va a producirse la eyaculación, pero por razones emocionales el mecanismo de inhibición y control no funciona, como consecuencia, la mujer se queda insatisfecha y el hombre se siente frustrado. ¿Qué hacer? En primer lugar, no olvidar que el pene no es el único instrumento que puede proporcionar placer, manos y boca también tienen mucho que decir y en segundo lugar, tener presente que el control del orgasmo se aprende y todo el mundo puede lograrlo con práctica. Las llamadas "terapias sexuales" son altamente eficaces para encontrarle la solución a algo que se vive y se sufre tan dramáticamente.

La falta de deseo: Desde hace varios años, el Síndrome de Inhibición Sexual o la falta de deseo es un problema que se viene dando entre personas muy estresadas, agobiadas por el trabajo y la falta de tiempo. El doctor Sapetti manifiesta que la experiencia en el consultorio le ha permitido observar que el fantasma del desempleo afecta doblemente a los varones. "Por un lado -dice- lo sufre quien está desempleado y, por otro lado, quien tiene trabajo pero teme perderlo".

En el extremo opuesto están también las personas a quienes el trabajo les demanda una dedicación absoluta. En algunos de estos casos, los individuos erotizan otros aspectos de su vida: se libidiniza la profesión, el éxito, la imagen empresarial o profesional, la posesión de dinero, y se relega o relativiza el plano amoroso.

En muchos casos, la convivencia puede enfriar el deseo sexual: la rutina, la chatura, el hastío, los conflictos conyugales pueden llevar a una inhibición del deseo sexual. Se puede seguir amando a una persona pero no verla como objeto del deseo. Muchos cónyuges mantienen relaciones sexuales solo para cumplir con sus deberes maritales, pero no las desean ni las disfrutan. El tratamiento de la inhibición del deseo sexual dependerá de la causa.


Qué le pasa a las mujeres

Insatisfacción sexual: Un gran número de mujeres en la Argentina se queja de insatisfacción sexual dentro o fuera del matrimonio. La mayoría confiesa que accede a los requerimientos de su pareja solo algunas veces (cada siete o quince días) porque esas relaciones no las hacen felices, ya que el compañero solo busca su propia satisfacción o no toma en cuenta a sus deseos."Por cierto -aclara Sapetti- una de las causas puede ser la escasa comunicación, ya que muchas personas creen que todo se tiene que dar espontáneamente y no hay nada que hablar sobre lo que a cada uno le pasa. También hay que destacar la incapacidad de ciertas mujeres de abandonarse a las sensaciones placenteras y estar pendientes de si van a terminar o no, de allí que muchas finjan el orgasmo, lo que les crea una situación muy tensionante y poco grata”.

Imposibilidad de llegar al orgasmo: Este es uno de los problemas sexuales más comunes entre las mujeres que, aunque experimentan deseo sexual y gozan de la relación, les cuesta llegar al orgasmo o directamente, no lo tienen. Todas están capacitadas para tenerlo, y solo tienen que darse la oportunidad de seguir su propio ritmo y buscar la forma de llegar a él sin presiones. "Hay que tener en cuenta que la respuesta orgásmica depende de muchas cosas, pero los sentimientos sexuales pueden estar influidos por la habilidad o posibilidad de sentirse bien consigo misma. Sin duda, el autoconocimiento sensual es el primer paso en este camino del placer", explica la doctora María Luisa Lerer.

“Cabría aclarar que si bien el orgasmo es la culminación del placer erótico, algunas mujeres gozan de las relaciones sexuales aunque no puedan terminar. Además, el mal llamado orgasmo clitoridiano, que es aquel donde la mujer termina por estimulación directa del clítoris y no por la penetración, ha dejado de ser una situación criticable, porque en definitiva, el clítoris y los labios menores configuran una estructura especializada en la recepción de los estímulos placenteros”.

Sequedad vaginal: Muchas mujeres manifiestan problemas en la fase de excitación al no tener secreción vaginal. Este es un fenómeno análogo al de la impotencia. El tratamiento dependerá de cada caso. A veces se soluciona con el uso de cremas especiales o con una terapia hormonal, en el caso de que la mujer esté atravesando la menopausia. Hay que aclarar que la sequedad a veces es producto de una infección vaginal o surge después del parto o de una cirugía. En estos casos, lo mejor será tener un poco de paciencia y consultar con un especialista.

 

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problemas sexuales

Es frecuente considerar que la actividad sexual es algo natural. Sin embargo, un porcentaje elevado de personas, cuando llega el momento adecuado, tienen problemas o no son capaces de desarrollar su actividad sexual tal como desearían. El conjunto de este tipo de trastornos en los que los problemas físicos o psicológicos dificultan a la persona disfrutar satisfactoriamente de las actividades sexuales es lo que los Especialistas en Sexología denominamos "Disfunciones Sexuales".

 

¿Qué son los problemas sexuales?

Es frecuente considerar que la actividad sexual es algo natural. Sin embargo, un porcentaje elevado de personas, cuando llega el momento adecuado, tienen problemas o no son capaces de desarrollar su actividad sexual tal como desearían. El conjunto de este tipo de trastornos en los que los problemas físicos o psicológicos dificultan a la persona disfrutar satisfactoriamente de las actividades sexuales es lo que los Especialistas en Sexología denominamos "Disfunciones Sexuales".


¿Quién sufre una disfunción sexual?

Las disfunciones sexuales, a pesar de que Ud. piense que es de las pocas personas que están afectadas de un problema sexual, son bastante frecuentes, lo cual no quiere decir que toda esa gente afectada de un trastorno acuda a solicitar ayuda a un Especialista. Tan solo un 30 % de la población afectada toma la decisión de afrontar el problema y darle remedio, por lo tanto enhorabuena por haberse decidido a solicitar consejo, ese es el primer gran paso importante para dar solución a su problema.

Aunque las cifras sobre las personas que están afectadas de una disfunción sexual son estimativas observamos que las distintas investigaciones que se han realizado acerca del tema nos hablan de cifras que oscilan entre un 35 y un 60% de mujeres que presentan algún tipo de disfunción, siendo en este sexo, los problemas más frecuentes, la ausencia de interés por el sexo y los problemas de erección. Entre los hombres, alrededor de un 40% sufren de eyaculación precoz y de impotencia. En la siguiente tabla I (Labrador, 1987) se resume los estudios sobre Disfunciones desglosando la incidencia de los distintos problemas.


Mujeres
%

General
35-60%

Problemas de excitación
48%

Dificultades para alcanzar el orgasmo
46%

Ausencia total del orgasmo
12-15%

Vaginismo (penetración muy difícil o imposible)
2-3%

Falta de interés por el deseo
35%

Hombres
%

General
40%

Eyaculación precoz
36-38%

Problemas de erección (conseguir o mantener)
7-10%

Eyaculación retardada
4-10%

Falta de interés por el sexo
16%

Estimación de la incidencia de las disfunciones sexuales en la población general (Labrador, 1987)

Se estima además que tan sólo una de cada 3 personas que presentan Disfunciones acude al especialista.

 

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